Contacto

julio 20, 2025

La Primicia Noticias

Una Nueva mirada

Hay que prender el barrio y la biblioteca

Por: Pedro Conrado Cudriz

La biblioteca puede ser la excusa perfecta para compartir espacios, y en contravía a la apertura de las cantinas, la creación puede ser el puente para los encuentros. Y para este propósito es necesario fortalecer el quehacer de la biblioteca para la búsqueda apasionada de lectores y para aperturar el espacio a los creadores. 

Hay que hacer visible el espacio de la biblioteca, prender el barrio con lecturas, conciertos, cine, poesía, etc. Una biblioteca invisible y silenciosa, no es puerto de atracción para nadie, porque solo van los estudiantes a realizar las tareas que muy bien pueden realizar en casa. Es un desperdicio de tiempo, de libros y autores e incluso de la misma estructura física y también del dinero público, porque hay que pagarle a una bibliotecaria para sostener la mascarada de la biblioteca.  

Sí, dije mascarada. En el mundo de las apariencias, las bibliotecas no podrían escapar al perfume de la cultura del consumo de masas, que vive de lo insustancial, esa energía vana que a fuerza de la repetición se cree sustancial, fundamental, como la ropa de marca. 

Hay que iniciar las actividades desde lo micro, desde el barrio, para ir extendiéndole los brazos hasta abrazar en lo posible la municipalidad. Sé que no es una tarea fácil en un mundo donde las bibliotecas no son importantes y donde además son simplemente otros edificios más del pueblo. “Llévame cerca al edificio de la biblioteca,” le escucha uno al pasajero vecino, “sí, repite, al lado de la biblioteca municipal,” cuando ciertamente no hay más bibliotecas municipales, solo una. No hay bibliotecas satélites en el pueblo. No estamos hablando de los años sesenta del siglo pasado cuando el ente territorial estaba conformado por unas diez calles y el número de sus habitantes no alcanzaba los diez mil individuos.  

El servicio de la biblioteca ahora mismo está exigiéndoles a los alcaldes y a los concejos municipales una postura distinta a la dejación, a la negligencia, a la ineptitud, al parroquianismo. Los libros no son objetos de lujos. 

Si se ama a los niños, si se quiere la escuela, entonces hay que amar a la biblioteca, que es el universo según Borges: “El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas.”  

En los municipios como el nuestro hay que abrir la diversión creativa y festiva, apostarles a las bibliotecas – espacios de silenciosos – ahora que se dio apertura otra vez a la reactivación económica. Abrirle la boca a los escenarios intocables e invisibles como las bibliotecas. Aprovechar también los parques donde los jóvenes sudan físicamente la gota gorda para la promoción de la lectura. 

Nadie sabrá la magia del libro si nunca ha leído uno con pasión, o si nunca ha escuchado la voz apasionada de un poema o un cuento. 

Hay que prender el barrio, el micro núcleo social para los aprendizajes mayores y la biblioteca es la excusa perfecta para elevar el alma.  

Escribo estas notas simplemente para motivar al grupo de amigos de la biblioteca tomasina y a los lectores cómplices de la misma.