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junio 6, 2026

La Primicia Noticias

Una Nueva mirada

Abelardo y la iglesia abelardista

Por: Pedro Conrado Cudriz

“El hombre es el lobo del hombre” Tomás Hobbes

Yo venía de hacer ejercicios para la prolongación sana de la vida, tipo 6 a.m. Y tropecé con un vecino lejano en el territorio. Le pregunté: ¿Votaste? “Por quién más primo, que por el tigre. Firme por la patria.” El cliché le funciona muy bien al aparato promocional de Abelardo De la Espriella. Pero no me dolió, elevo mi estado de observación sociológica. Pensé en su vida y me dije, sus razones no son mis razones, son las razones de su pobreza, del barrio donde convive, de sus amigos y también de la escuela a pensar de su analfabetismo funcional. Lo dejé en la tienda. Intentar convencerlo en contrario, es igual al hecho de controvertir sus creencias religiosas. Imposible.

El Régimen se reproduce como la mala hierba. Hoy Abelardo De la Espriella es otro ejemplo más. La mata que mata reproduce la semilla, que sigue viva.

¿Abelardo es un candidato subversivo del sistema del que bebe agua a diario? No. Es un facho para regresarnos a la época del uribismo en el poder nacional. Y Peor.

Lo que yo puedo decir de este hombrecito llamado Abelardo, es que fue ateo, luego creyente y mañana otra vez será ateo. Es lo más relevante que le he escuchado de lo que ha dicho y dice hasta el día de hoy. Fue su primer enmascaramiento. En Gerencia Social este acto se conoce como la primera impresión que el cliente tiene del mal servicio.

Lo que vivimos hoy es una experiencia de choque contra la vida del pasado. Los algoritmos y las redes sociales han realizado una revolución mental en la humanidad, tal, que casi han degradado el concepto que teníamos de lo humano. Nos han convertido en manos anexas de la inmortal máquina. Somos casi robots.

Abelardo De la Espriella oficia de sacerdote de la perversa máquina de la mentira y la muerte. Mentir es morirse. El arrepentido ateo ha ofrecido milagros para dispersos grupos del país, atrayendo colombianos para la nueva fe y la nueva y extraña iglesia abelardista del Diablo.

El lema de su iglesia es nada más y nada menos que “La ética no tiene nada que ver con el derecho”. Una ventana abierta para realizar desde el gobierno lo impensable. El desgobierno. Parece ser que se adapta a los tiempos del caos, a la desesperanza y a la distopía. Todas las normas creadas después de la segunda guerra mundial para conservar la paz del mundo fueron hechas trizas por Trump y Netanyahu en el medio oriente. Y por Putin en Ucrania. Este panorama nos espera internamente si gana Abelardo De la Espriella la segunda vuelta.

Aquello de que la ética está divorciada del derecho es una falacia transgresora para que todos violen los límites de las normas morales y éticas que sostienen la convivencia humana. Pretende ser un nuevo Hobbes, distópico, el de los tiempos modernos. Un asesino de la vida cotidiana.  Le ha mentido a todo el mundo apelando a la imperiosa libertad personal y no a la de los partidos. Porque los partidos mienten, pero él se inventó uno, y ahora a los otros los recibe y humilla en su trono de campaña.

Lo de tigre es literatura infantil, pero mediocre. Literatura que ningún niño leerá por pésima. Solo lo leerán los adultos y discípulos de la iglesia abelardista, que en verdad creen que el tipo es un tigre inofensivo.   

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Posdata: La teoría de Thomas Hobbes (expuesta en su obra cumbre, Leviatán) es una filosofía política contractualista que justifica la creación del Estado como un instrumento necesario para garantizar la supervivencia y evitar la destrucción mutua de la humanidad.

Se fundamenta en tres pilares conceptuales:

  • El Estado de Naturaleza: Hobbes plantea que, sin leyes ni autoridad, los seres humanos son guiados por el egoísmo y la búsqueda de poder. Al ser todos iguales por naturaleza, esto deriva en una “guerra de todos contra todos” donde la vida es solitaria, pobre, brutal y breve. De aquí surge su famosa frase: “El hombre es el lobo del hombre”
  • El Contrato Social:

 Para escapar de este caos, las personas deciden racionalmente ceder todos sus derechos y libertades individuales (excepto el de la propia supervivencia) a un tercero mediante un pacto mutuo. (1)

  1. IA