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mayo 30, 2026

La Primicia Noticias

Una Nueva mirada

La psicología de los discursos políticos en la contienda presidencial colombiana

Por: Pedro Conrado Cudriz

Nunca la sociedad colombiana había vivido una tensión transicional en un debate presidencial como el de hoy y nunca un presidente de la nación había sido insultado, maltratado, vapuleado y sufrido como le ha ocurrido a Gustavo Petro Urrego. Hasta le han bloqueado institucionalmente sus propuestas reformistas por el congreso y las Cortes.  Nunca antes había ocurrido algo así.

En este contexto se expone el verbo de los candidatos, en especial entre los punteros.

Iván Cepeda, filósofo y estudioso de DDHH, se centra, a pesar de ser una víctima pasiva del crimen de Estado contra su padre, en los derechos de las víctimas, en los procesos de justicia, verdad y reparación, en la historia del país, en la paz y la reconciliación, sin descuidar la ponderación y el trato no personal contra nadie.

Su perfil es el de un hombre decente, tolerante, tranquilo y anti-corrupto. Su discurso es reflexivo y un tanto académico. Se proyecta como un ciudadano ético y sensible frente el sufrimiento humano. El nombre de esta conducta es la empatía social.

Cuando habla es cauteloso, no es una máquina que dispara cien palabras por minutos; hace pausas, argumenta racionalmente sus intervenciones y respuestas. Tiene un control sobre sus emociones, tanto, que a veces parece frío y calculador.

Tiene una formación humanista, cargada de calor humano, que lo conecta rápidamente con el interlocutor. Porque también es flexible y mentalmente abierto, lo que sugiere que no es dogmático, lo que sí es, es un ser humano defensor de la verdad, porque tiene conciencia moral.

Paloma Valencia estudió filosofía, pero conocemos su actuación en el congreso de la república, que es filibustero y agresivo contra la izquierda. Su única defensa conocida es la que hace a favor del proyecto político del expresidente y sujeto subjudice Álvaro Uribe Vélez, su padre ideológico. Valencia es tan conservadora como los conservadores extremos del sistema neoliberal colombiano.

Usa un discurso de confrontación y técnicamente emocional para persuadir que no sufraguen a favor de Cepeda y, por el contrario, que lo hagan por ella. No cabe duda que es elitista y polarizante e ideológicamente dogmática y defensora de las jerarquías de clase.

Su discurso no está cargado de empatía hacia los más pobres y sí hacia los ricos empresarios que rondan el mercado privado y su vida. Su narrativa contra todo lo que huela a izquierda busca pescar bobitos a través del miedo: con la izquierda, dice, nos va mal e inventa la mentira de unos datos técnicos desmentidos por las evidencias del buen manejo del gobierno Petro en tiempos de vacas flacas.  

Abelardo de la Espriella, es abogado, aunque no parece un hombre ateo, sino el abogado del diablo. Hay frases y palabras de él inolvidables, que lo pintan de pies a cabeza: destripar la izquierda, no comer la misma comida del pueblo y en boca de la esposa, si perdemos nos vamos de Colombia. Es un personaje distópico, desesperanzado, afecto al neuroticismo. Defiende el castigo fuerte y la mano dura, tanto, que admira a Bukele y pretende copiar el modelo de las cárceles del Salvador.

El candidato nunca se concibió como político, pero si como defensor de personajes involucrados con el paramilitarismo y las mafias de cualquier tipo. En esos procesos judiciales acumuló su riqueza. Esto puede explicar su desacomodo en el rol político.

El lenguaje que utiliza para indignar a la sociedad, o polarizar y promocionarse tiene un fondo violento y confrontador, razón para comprender que tiene un discurso circularmente emocional. No hay más, porque con un programa de tres hojitas el país se le escapa de su visión pragmática e ideológica para salir del paso.

Su discurso busca siempre tener el control; cuando no lo tiene le ocurre un corto circuito cerebral y se incomoda, ataca o agrade al que lo confronta o pregunta. Lo increíble de Abelardo es creerse estrella de cine cuando en realidad es un actor de tercera del sistema.  

Posdata: Hay que cuidarse de los cazas bobitos y los tóxicos, digo. Inspirado en IA