Por: Pedro Conrado Cudriz
Es un hecho histórico incontrovertible el desprecio que los gobiernos latinoamericanos le tienen a la cultura. Un ejemplo de la historia romana relacionado con el tema lo trae Claudia Morales en El Espectador del 22/02/24, cuando cita el libro “Maldita Roma” del español Santiago Posteguillo, quien en el texto nos recuerda las buenas y extraordinarias ideas culturales de Julio César antes de convertirse en un tirano. “…Julio César – escribió Claudia, retomando las ideas del libro – edil en ese momento y futuro emperador de Roma, habla con su mejor amigo, Tito Labieno, sobre la importancia de abrir las mentes y los corazones del pueblo a través de la cultura… César pensaba que eso no era suficiente y levantó un teatro de madera para representar obras de teatro, llevó exposiciones de arte a las basílicas y realizó instalaciones de esculturas en distintos puntos de Roma. Pero Tito Labieno no entendía para qué servía el arte y le decía que eso no le interesaba a la gente y que tampoco lo iba a volver más popular.”
Bueno, César se convirtió en dictador y esa línea del pensamiento de Tito Labieno, después de siglos, nos lleva a la conclusión pesimista que a los gobernantes nuestros les importa más un comino que la cultura. Los artistas de todos los colores, y escritores, también los humanistas, no son los tontos de la historia congelada de los sinvergüenzas que reviven y exprimen el poder de Estado. Esa es la maldita razón por la que las bibliotecas no funcionan, la escuela es un mar de mediocridad profunda y consentida y las casas de la cultura son sumas de ladrillos estéticos de la especulación social y política. Claro, y no se equivocan al pensar que el carnaval es un evento especial, porque es el gran espectáculo que distrae a los conciudadanos del dolor y el sufrimiento del alma en los territorios.
Pan y circo para que tengan, como en Roma.
Entre nosotros las rutinas de la cultura están alejadas de las acciones creadoras de los hábitos. Son anuales e intermitentes: Batalla de Flores en tiempos de carnaval. Semana Santa. Fiestas patronales y esa fiesta difusa del mes de diciembre. Después de estos eventos solo funcionan todos los fines de semana las cantinas, que tienen consolidadas rutinas y hábitos alcohólicos, eso que los ingleses denominaron alguna vez el síndrome alcohólico de fin de semana.
Todos sabemos que de las rutinas surgen los hábitos, fundados en la repetición diaria. Lavarse la boca, por ejemplo, o los usos de lecturas consuetudinarios, que estructuran culturalmente el cuerpo. Mejor dicho, la mente. Sin los hábitos dejan de funcionar las sociedades se fracturan sin normas guías y caen en el hueco del desorden, el hastío o el aburrimiento y en el mal concebido mundo de la entropía social.
¿Cuáles son nuestras rutinas culturales lejos de las cuatro fiestas tradiciones que nombré? ¿Cómo funciona la biblioteca municipal? ¿Y el deporte? ¿Y la casa de la cultura? ¿Cuál es la rutina cultural favorita de los tomasinos?

Yo propongo un texto para eso donde la cultura consumo,solo espectadores y la vulgaridad se tomo a los pueblos los que estamos en la otra orilla somos pocos , pero damos la pelea.
La clave esta en fomentar el hábito de la lectura en los niños y jóvenes, qué el educador en la asignatura de literatura obligue al estudiante a leer un libro y analizarlo, y que ese análisis lo califiquen como antes
La cultura es transversal en la humanidad, pilar fundamental en el desarrollo sostenible de los pueblos. La cultura va más allá de las manifestaciones de las artes, es el libro de las conductas y comportamientos colectivos de las personas en las urbes. Esta nos permite leer y escribir para contribuir en la sana convivencia, con proyección a la construcción de ciudad.
Éste texto me transportó a la propuesta del candidato presidencial Carlos Gaviria Diaz, cuando la bandera de programa de gobierno fue ” construir Democracia real en Colombia “.
Desde la reforma de la educación que revise el pensul educativo que se aplique en el proceso educativo, que responda a la realidad cultural del estudiante desde su entorno.
La educación es la ruta hacia el desarrollo y la prosperidad de un país…
Estimado Pedro, tu reflexión es dura y altamente crítica; y estoy de acuerdo. A pesar del peso de la racionalidad económica, nuestro pueblos carecen de esa racionalidad crítica propia de las ciencias humanas que tanto temen y asustan a los gobiernos, porque ese es un rol que cumple la escuela, de ahí que lo que tenga que ver con escuela y educación, para muchos gobiernos es indiferente. Incluso, en las mismas escuela, el art. 14 de la ley 115 habla de los Proyectos pedagógicos, y uno de ellos es el del literal b, que tiene que ver con recreación y tiempo libre, que la ley 181 denomina tiempo extraescolar. Desde este tiempo se puede ejercer una educación con alternativas culturales, deportivas, sociales, artísticas, etc., lo cual implica hablar de practicas recreativas educativas y socioculturales. Munné, Frederic no lo dice exactamente así pero interpreto que el tiempo extraescolar es un tiempo subversivo, un tiempo de crecimiento y autodeterminación, un tiempo en que podemos llegar a pensar por sí mismo y alcanzar la mayoría de edad, en palabras de Kant. Ninguna escuela que yo sepa, lleva un Proyecto Pedagógico del tiempo libre organizado para procurar un mejor desarrollo humano. Es más fácil, el activismo recreativas que las prácticas conscientes que nos permitan a futuro gozar de la plenitud del ocio. ¿Qué tipo de recreación se practica en el barrio? ¿Cuántos parques para leer y jugar existen en el municipio? ¿Acaso existen proyectos, por ejemplo, de actividad física y salud, abordados por la secretaría de salud y deporte del municipio? Se me ocurren esas ideas a las que los políticos de todos los tiempos de mi existencia han hecho caso omiso. Feliz domingo.