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junio 15, 2026

La Primicia Noticias

Una Nueva mirada

Santo Tomás no es como lo pintan de Pedro Conrado Cudriz

Por: Pedro Conrado Cudriz

José Fruto Muriel, me atrevo a divagar en la reciente fotografía tuya descrita en El verdadero Rostro, texto publicado en La Primicia. Lo hago para intentar sostener una conversación a larga distancia contigo, ya que no coincidimos en los mismos lugares donde compartimos espacio con los amigos, tú con los tuyos y yo en el Club de lectura, o con amigos que se acercan a departir risas, situaciones mundanas, el juego de ajedrez, o lecturas de todo tipo en casa del maestro Ramón Molinares. Y juro que en ello no hay ninguna clase de pretensión más allá de compartir la birria del pueblo.

Aquí voy:

La fotografía descrita en el artículo tuyo, El rostro verdadero, es diletante. El texto es una pintura, excusa mi atrevimiento, abstracta. Los individuos aludidos pueden ser cualquier vecino de la cuadra, del barrio o de todo el territorio. Y está bien. El Facebook no es el cielo, ni un pedazo de cielo, más bien es el infierno. En este universo digital hay que saber escoger a los contertulios, aunque a veces se cuelen algunos intrusos amantes del espectáculo. Y cuando digo espectáculo, me refiero más a las emociones que al buen uso de la razón.

No sé, pero el Santo Tomás que yo conozco no es egolátrico, ni humillante, ni odioso. Mis amigos son de diferentes escuelas políticas y con ellos jamás he tenido conflictos algunos que nos lleven a las manos. Te nombro dos ubicados en la frontera extrema de mi posición política: Diovaldo Heredia y Enrique Barandica. En mi caso particular aplico el paradigma de Harvard: “Duro con el problema, suave con la gente.” Esa es mi guía de convivencia ética con los otros y mi filosofía de vida.

Todavía no sé a qué te refieres con el club de pseudointelectuales, que es una expresión muy violenta. Dudo que te refieras al Club de lectura nuestro, “Santo Tomás, todos los libros,” porque la adjetivación múltiple usada no nos representa. Además, el tema político lo hemos dejado en las manos personales de cada quien. Cuando lo tocamos, lo hacemos por las lecturas de ocasión como en el caso de Pedro Páramo o La fiesta de la insignificancia de Milán Kundera.

Estoy de acuerdo con las autonomías y con el hecho de que somos absolutamente diferentes, porque es imposible el unanimismo como ocurre en el Vaticano. En lo que sí discrepo es en el concepto de libertad. No somos libres, José Fruto, y creo saber que tú lo sabes mejor que yo.

La verdad es que el clientelismo ha invado la sombra que nos dan los mangos y este hecho de la burocracia irracional Weberiano ha llegado hasta nuestras casas. Allí vive oculto con el filo de la imposición partidista como en la era de los abuelos. La libertad ha sido sacrificada por esa cosa visible que atrae y reprime.

Interesante cuando hablas del rostro tomasino, podríamos sentarnos con otros amigos a compartir pareceres sobre el tema. Por ejemplo, si el tomasino tiene pensamientos éticos que nos salven de la porquería del mundo, y nosotros somos mundo, o si el tomasino tiene una concepción estética de la vida como me interrogó un día mi amiga Sucely Ariza.

Con respeto,

Posdata: Entre otras cosas estás invitado al club de lectura, Santo Tomás todos los libros, que abre ventanas y puertas al final de cada mes.