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febrero 3, 2026

La Primicia Noticias

Una Nueva mirada

Después de este momento histórico de hoy, no hay otro

Por: Pedro Conrado Cudriz

No sé si ustedes han sentido en cada parte del cuerpo, el momento histórico -político por el que atravesamos, por este que estamos viviendo por primera vez en carne viva. Como nunca. Es una señal hasta rara, nervios tensados en las horas que siguen; nervios ocultos entre lo que leemos y conversamos con los vecinos. Y es aquí precisamente, donde se están presentando situaciones familiares nunca sentidas con tanto ahínco; es una tensión nueva y atravesada por dilemas existenciales serios.

Es que antes era fácil “donarle” el voto a un familiar para que sobreviviera en el empleo. Hoy no es tan fácil si estamos enamorados de las circunstancias de cambio histórico vividas, como en la revolución del libertador Bolívar.

A un conocido mío le escuché decir sin explicación alguna: “Hay que hacerles trampas a los corruptos, así como ellos nos las han hecho siempre con las promesas incumplidas y conocidas.” Un consejo abreviado de respeto: Acompañen a los parientes en las asambleas de sus movimientos políticos como invitadas especiales y cuando haya que votar por el candidato del cambio, hacerlo sin las molestias de la conciencia. 

Hay que tener presente que estamos atravesando el océano convulso e inédito de la historia nacional y mundial. Por esta vez y ojalá no sea la única, debemos continuar la subversión política que inició Petro, presidente de Colombia. 

Una equivocación inadmisible, nos puede costar caro con la vida de un niño de 4 años, que juega sin pensar cómo nos estamos jugando la vida nosotros por él. 

La ética del vivir no es un juego de instantes, es tan trascendental y conscientemente íntima y social, que nos conmina desde el inconsciente sensible y empático a sufragar por la historia de los más débiles, aquellos que han sufrido por décadas el peso de una existencia malograda por las indolencias del Estado y de gobiernos alimentados por los intereses egoístas de las clases sociales altas, que nos han gobernado por siglos.

Los colombianos conscientes de los calambres y torcidas de la historia nuestra, debemos apostarle a la hechura de una justicia social para toda una generación (0-20 años) y poder así apostarle a la esperanza de hierro de la paz de mañana.

De esto es lo que escribo cuando también hablo de la ética del vivir: apostarle a la vida con sentido humanista, arriesgándolo todo para ganar todos. Hagamos un trato como en el poema de Benedetti: “Compañera usted sabe / que puede contar /conmigo…/ si alguna vez / advierte / que la miro a los ojos / y una veta de amor / reconoce en los míos / no alerte sus fusiles / ni piense qué delirio / a pesar de la veta / o tal vez porque existe / usted puede contar conmigo / si otras veces / me encuentra huraño sin motivo / no piense que flojera / igual puede contar / conmigo…”

En este proceso político se quedarán los que hayan de quedarse derrotados en tierra firme y levantaremos la bandera los que hemos arriesgados siempre el sueño de la esperanza. No ha sido fácil llegar hasta este momento histórico e irrepetible del país. 

Dicen los que saben, que un evento de esta naturaleza solo se volverá a vivir entre cien años y más. No esperemos otros cien años para cambiar lo que haya que cambiar. Esta es nuestra coyuntura histórica indelegable, sacudámonos y con las chanclas cruzando la esquina rompamos la caja donde tienen secuestrada la esperanza. 

Después no digan, que no lo advertimos.

¡Viva Colombia, carajo!