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agosto 8, 2026

La Primicia Noticias

Una Nueva mirada

Mí respuesta a Margarita Rosa de Francisco

Por: Pedro Conrado Cudriz

Mi admirada y amada Margarita: Lo primero es lo primero: el sistema electoral colombiano no es inocente, porque no lo cobija una concepción democrática del uso del poder político; más bien la cubre una sábana mafiosa y de castas privilegiadas desde hace más de un siglo. De acuerdo, la personalidad de Petro es incontenible y sobresatura todavía su imagen pública. Pudo ser y es desde lo dialéctico, controvertible. Y, sin embargo, él se movía y se mueve desesperadamente por defender el sueño de una democracia para todos, en especial para las gentes olvidadas del territorio nacional.

Margarita Rosa de Francisco, según el medio El Tercer Canal, usted señaló una falla personal del mandatario que pudo limitar el alcance de las transformaciones.” A usted, Margarita, se le olvida que era un gobierno de izquierda y en transición contra el que se oponía la institucionalidad toda y los sectores privados recalcitrantes y conservadores, que sentían amenazados sus privilegios de clase social, económicos y políticos. No hay que olvidar las posiciones del congreso de la república bananera y la de las Cortes y los medios de información corporativos. Unas tenazas para no permitirle al gobierno progresistas las transformaciones políticas, institucionales y económicas que pide la sociedad colombiana a gritos.

“Necesitamos un líder político que se gobierne a sí mismo mejor”, porque “Ese gobierno de sí mismo es lo que le ha faltado” a Petro, según la versión suya, actriz de Sembrando café y otras telenovelas nacionales. Creo que razones no le faltan a usted en esta definición, porque en política el culto a la personalidad es problemático para el manejo de proyectos políticos como el de la izquierda, que se ancla en lo social y en la comunidad. Era necesario cierta mesura en el liderazgo político del presidente Petro, aunque es inadmisible e irresponsable pensar que él es el factor de la derrota de la izquierda colombiana hoy.

Ya sabemos que el fraude electoral es un mecanismo de defensa de los que han vivido insertos en el poder de Estado. Porque o sobrevivían en estas elecciones o morían en el intento. Y lo lograron a través de un viejo mecanismo centrado en aquella vieja frase de los abuelos políticos: El que escruta elige.

Margarita, también usted argumentó, que “algo falló durante los cuatro años de gobierno y que los resultados electorales obligan al progresismo a revisar sus errores.” Estoy recordando aquella vez que luego del acuerdo de paz con el M-19 la guerrilla bajó de las montañas en el gobierno Barco y luego cogobernó con el presidente César Gaviria. Recuerdo todavía el consejo gratuito que Alfonso López Michelsen le dio a Gaviria en aquellos esperanzadores días: Denle a estos muchachos un ministerio. Y ya todos sabemos como terminó aquello. Gobernar no es fácil en medio de estructuras políticas y económicas solidificadas desde hace siglos. Son muros institucionales contra los que se estrellan las esperanzas de cambio. No es fácil vivir en el vientre del monstruo y salir victoriosos. Claro que hubo fallas del presidente, Margarita, y de sus equipos, igual de los pocos aliados del gobierno. Fue y es imposible derrotar la corrupción desde el interior del Estado y desde el exterior. Los hábitos no se deshacen de un día para otro. Voy a poner un ejemplo doloroso: la corrupción en los sindicatos de los profesores.

El remate suyo Margarita, es interesante porque conlleva crítica y autocrítica: “No poner más mi carne toda en el asador por una persona.” Las derivaciones que surjan de esta sentencia deben ayudarnos a comprender las coyunturas históricas por las que atravesamos como partido y país hoy. Estamos sentados en un polvorín con el nuevo gobierno de Abelardo. Todos somos conscientes del peligro que corremos como nación. Ojalá las velitas del 8 de diciembre sirvan para soportar los embates de la extrema derecha.