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octubre 14, 2026

La Primicia Noticias

Una Nueva mirada

Anotaciones a campo abierto para realizar aproximaciones al fenómeno de la lectura (3)

Por: Pedro Conrado Cudriz

Algunos trucos para leer el mundo

El libro, los lectores y el tiempo

“Un libro es un objeto inanimado, pero no es un par de zapatos ni un traje. Él te puede llevar más lejos que los zapatos.” E Drizku

Un libro no es un libro sino forma parte de la experiencia cultural del lector, si este no lo lleva al territorio vivencial de todos los días para leerlo y transformarse, o para diferenciar un demócrata de un dictador, o un maestro de un mal profesor, o percibir la injusta jerarquía de las clases sociales.

Somos de alguna manera los libros que leemos, igual los que hemos dejado de leer a pesar de desearlos, aunque ya los hayan leído otros, porque la lectura no se detiene en ninguna estación del tren de la vida.

El tiempo es un obstáculo, aunque pensemos lo contrario, lo es por la determinación de la vida moderna capitalista. Esta realidad nos obliga entonces a intentar robarle tiempo al tiempo, porque la supervivencia humana con todos sus problemas, puede ser una muralla. Borges, de alguna manera, tocó este problema en el ensayo La civilización del espectáculo de Vargas Llosa.

La lectura tiene sus barreras institucionales, porque leer ha sido convertido por los administradores conservadores de la escuela en dogma religioso, en un tema tan odiado como quien obliga ir a misa a un niño que no lo desea.

Tal vez no hemos pensado con seriedad el origen de la rebeldía adolescente contra el libro, que ocurre por la imposición obligada de los adultos contra los chavales y el libro. Es raro hablar con ellos de libros. Sus vidas han estado marcadas por la obligación.

Cuando la escuela convierte el libro en un objeto de obligación y castigo, lo convierte en un intruso del proceso de aprendizaje escolar, igual de los procesos culturales.

En Suan, en un conversatorio sobre el lema Leer el mundo de la VII versión de la Feria del libro de Santo Tomas, una alumna se rebeló contra esta práctica absurda y en el mismo Santo Tomás, una niña que asiste al taller de literatura creativa fue tajante: “No leo nada obligada.”

¿Cómo hacemos para que los niños y adolescentes visiten sin prevenciones una biblioteca? ¿Cuál es el significado del vocablo biblioteca para un niño? ¿Ellos tienen las mismas representaciones de la biblioteca que los profesores? ¿Dónde se marca la diferencia entre ellos? ¿La obligatoriedad de leer puede ser considerado un acto que violenta la autonomía o la libertad de los niños? Si existe un profesor apasionado por la lectura ¿Esta pasión es suficiente para inspirar la escuela?

Lo que sí hay que tener claro es que un libro puede parecerle genial a alguien y a otro no, porque para este último el libro puede ser un simple objeto. Esta es otra de las complejidades humanas.

Cero intimaciones. Tanto la casa como la escuela deben resolver el valor del placer en la vida de los infantes. Cero bovarismo. La insatisfacción debe resolverse sin patrañas. Todos no somos ni podemos ser buenos lectores. Porque hasta hoy nadie sabe qué significa ser un buen lector.

La biblioteca y la librería

“En los pueblos la biblioteca es el reemplazo de las librerías de la ciudad.” E Drizku

Cada lector es un mundo aparte, no hay dos lectores iguales ni clonándolos.

La asistencia a una biblioteca, o al club de lectura, o a una feria de libros, te da una idea de la clase de lector que es el lugar que habitas. No es un problema de dinero asistir a cualquiera de estos espacios, es entre otras cosas más bien un problema de hábito lector, que es una conducta- pasión que te lleva a tocar, oler la tinta de los libros.

“Los buenos lectores” son como los ratones con el queso, olisquean la tinta, el papel y llegan a la librería, o la biblioteca, o a la feria a tocarlos. Es, traducido en emociones, una aventura deliciosa. Se visitan estos espacios con la ilusión de encontrar el libro de los sueños y se acercan, aunque signifique sacrificar el bolsillo ante la tentación de la carne del texto.

Una biblioteca, o un club de lectura, o la feria del libro, son centros culturales, la cultura viva del libro, espacios expendedores de las pasiones por el libro. En estos lugares especiales se conversa solo de textos y son áreas de contaminación “enfermizas.”  Los que coordinan estos espacios están recargados de utopías, esperanzas y de nobleza, porque se despojan de los egoísmos humanos, individualistas, y se entregan a la expansión de la cultura del libro entre creyentes y escépticos.

El libro tiene la rara virtud de acercar al lector a la lectura de sí mismo, porque poco a poco va fortificando la identidad del lector y acercándolo a su mundo interior. Y todavía algo más trascendente, le da sentido a su vida.

La biblioteca y la escuela

La biblioteca simboliza la idea de conservación del saber regional, nacional y mundial, y en la escuela la idea del universo, del pensamiento ecuménico. Cuando la biblioteca falta en la escuela, se pierde la huella del hombre en el mundo, se esfuma el esfuerzo de miles de seres humanos por hacer de la tierra un mejor mundo, o convertir a todos en mejores ciudadanos.

La ausencia de la biblioteca escolar es la manifestación de la pobreza espiritual de los administradores de la escuela. Como dijo Jules Ferry: “… todo lo que se haga por la escuela y por el liceo será inútil si no se organizan bibliotecas.”

La escuela no es un auto de carrera ni un espectáculo circense como pudo aludir Vargas Llosa en el libro La civilización del espectáculo. Es un espacio serio de vida donde los niños experimentan el vivir humano y sienten la palpitación de la vida en los recreos; la sienten agotarse en el hastío y resucitarla luego en el juego, o en la lectura de un verso, una frase, así como lo hace el jardinero con la flor.

Asistir a la escuela ocho horas para escuchar a los adultos hablar delante de un tablero es tan aburridor como asistir al estadio a ver un partido de fútbol mediocre.

La escuela no ha sido estructurada para despertar el amor por la lectura. Ha sido creada para administrar un currículo y ver cómo se esfuman los niños en las 14 materias de la semana, que además no se relacionan con la vida, con la urgencia de conocer el barrio, la región, el país y el mundo.