Por: Pedro Conrado Cudriz
“Era (es) algo extraordinariamente impresionante como la gente vende la conciencia.” Rafael Rocha.
“Aida Merlano me decía: “Yo le compro el voto hasta a mi mamá… no le diga a su mamá que no le va a dar nada, tiene que darle…” Rafael Palencia.
Ambos confesaron en la Corte Suprema de Justicia en el caso Merlano-Char.
Detrás de estas confesiones, una de supuesto asombro y la otra igual de aberrante complicidad, hay unas conductas nugatorias de la Constitución Política de Colombia, de la legitimidad de la democracia y de la misma decencia, esa que Rodrigo Uprimny resume en el concepto de virtudes personales.
El comportamiento de la compra y venta del voto en la situación Merlano-Char está tipificado como delito: concierto para delinquir, corrupción al sufragante o elector y violación de los topes electorales. Es la historia típica del sistema electoral del país, vil, atávico y violento.
Lo que realmente existe es el despojo de la ciudadanía del colombiano como sujeto de derechos al tratarlo como otra mercancía más de las leyes del mercado capitalista. Es decir, lo han cosificado en la categoría de cliente y lo han tratado siempre como tal en la práctica de los partidos políticos. Es lo aberrante del Sistema electoral nacional, recargado de perversidad política.
Tratan al ciudadano pobre como zapato viejo, lo desprecian y lo odian, pero lo usan perversamente para los fines del poder. El odio es invisible, hasta que los convocan para adelantarle los 50 mil pesos en las reuniones espurias de la politiquería. Sin embargo, la naturalización del delito electoral no deja ver las raíces del odio en los discursos repetitivos, ocurridos en cada elección. Usan los colores del lenguaje, pero llegan en autos de última generación. Es el contraste y la tragedia política de este país bananero.
El odio y el desprecio son después de todo, los factores de la política clasista y racista para poder conservar la ignorancia estructural en las gentes más vulnerables del país. Prohibido pensar, piensan ellos. Y sabotean e impiden el pensamiento crítico con la mala calidad de la escuela pública.
Cuentan los abuelos que todo comenzó cuando los premiaban el día de la votación con dos libras de carne de res y una botella de ron “gratis.”
Eran los tiempos del atávico caciquismo.
Luego vino, así como les cae una montaña a las gentes más necesitadas, el ofrecimiento de puestos en la burocracia oficial por un puñado de votos. Se pensaba, y se sigue pensando, que era un favor que había que agradecer.
Agradezca le decían al favorecido. Confieso que presencié a varios profesores pagándole al cacique de turno el favor en varias elecciones. Costumbres del más allá, que persisten en el más acá.
Y a mí me insultaban porque al trabajar en la burocracia del Estado, mi voto no era para los partidos oficiales. Me cuestionaban y seguramente me estigmatizaban como un traidor de la puta patria.
El clientelismo tiende a concentrar la “movilidad social” en una minoría de agentes del sistema (los de los niveles municipales y regionales de la cadena) a cambio de la lealtad política.
Lo cierto es que es un factor negativo de supervivencia biológica y social de un grueso de la población captada por el sistema clientelista. Igualmente es un fenómeno de la antropología política, el atavismo para la conservación del poder por parte de los apellidos que tradicionalmente han gobernado la nación.
No olvide que este sistemita es la clave para corromper al elector y también es el origen de la corrupción institucional del Estado. Compra y venta del voto. Los puestos en la burocracia nacional. Y los aportes a las campañas políticas y los amigos que se quedan con los contratos del gobierno.
El charismo tiene 16 años de estar gobernando a Barranquilla, así como el uribismo lleva más de 25 años gobernando a Colombia. En la aritmética de las democracias legítimas es inaceptable por lo monopólico. Además de antidemocrático es peligroso porque al fin y al cabo terminan excediéndose en la administración del poder. Lo corrompen todo. Como dijo Lord Acton en 1887: “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente.”

Excelente reflexion amigo sociologo
Muy grave y muy triste esta realidad, está enquistada y debemos crear la cultura de la moralidad electoral, para acabar con ese despojo ciudadano, y la venta de conciencia
Que lastima ue utilices tu inteligencia para explotar la cultura así a la redacción y la escritura de obras literarias..para que esa inteligencia que dios te dio utilices mezclándose con política…si tu tienes una ideas progresistas o de izquierda…llévalas en tu corazon …no tu ideas al querer mezclar la con la literatura…no termines como mucho de tu colegas…que cuando llegan a viejos crees que están escribiendo y opinando como joven….
La literatura de la cual te caracteriza es independiente de tus ideologías perversas y progresistas que quieren venderle a tu electores…
Posdata: NO MEZCLES LO LITERARIO , CON POLITICA …LE HARIAS UN DAÑO A LECTURA….
Esto de la compra y venta del voto, se parece al cuento desaboreado del abuelo de nunca acabar; pero, que hay que escucharlo para honrar al abuelo mientras pueda hablar….. ¿Será que mientras hayan comicios electorales en el País, tenemos que estar sujetos al esclavismo voluntario de estás nefastas prácticas de quién lo vende?.