Por: Aurelio Pizarro
Ayer estuve por primera vez en mi vida —lo reconozco con vergüenza, con la vergüenza de ese tomasino obligado a conocer bien a su pueblo— en los barrios “Las casitas” y “La arenosa” y me quede aterrado de haber retrocedido, en cinco minutos, cincuenta años en el tiempo. ¿Cómo se puede vivir así, en esas condiciones de indigencia e insalubridad? ¿Cómo se puede, en pleno siglo XXI, estar viviendo como los burros? Se lo hice saber a los dos grandes amigos que me acompañaban (en un carro con aire acondicionado y cristales tintados) y me dijeron: “Espérate a ver cuando conozcas “El roble amarillo”. Me quedé temblando. Todavía tiemblo. Pero no de miedo, sino de culpa e indignación. Sobre todo, de culpa por haber permitido que la ineficiencia de nuestros dirigentes nos mantenga en ese deplorable estado de postración.

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