Por: Pedro Conrado Cúdriz
Vea hermano, si usted no lee se pierde de entender el espectáculo grotesco en el que se ha convertido el mundo; leer no es imposición, es voluntariedad, deseo activo de escuchar, leer, varias voces para romper el pensamiento hegemónico del poder de la sociedad de masas, ese poder que sueña hoy con el dominio absolutista de las naciones. Este modelo no es raro, porque ya ha sido planeado, experimentado y probado. Por ejemplo, que usted solo crea en un solo dios, o crea en un solo partido, o no crea que la escuela es un ejercicio de repeticiones insulsas, sin que usted lo intuya, o que usted, al ir al trabajo, no está sometido a la orden de un jefe permanente. No es raro, pero no lo ha pensado seguramente así, porque a la libertad de pensamiento le colocan las trancas de las escuelas para que no se desarrolle la crítica que moleste el poder hegemónico.
¿Ha reflexionado alguna vez por qué el vendedor de chécheres le dice patrón?
Cuando uno logra comprender estas estrategias del poder total, las posturas que tenemos del mundo cambian. Hemos empezado a dejar de ser esclavos del pensamiento hegemónico.
Ya no hay excusas para leer o para instruirse como decía Kant. En Santo Tomás no hay librerías, pero hay bibliotecas, la pública, por ejemplo, y las de los amigos para fracturar las mentiras inventadas por los no lectores para no leer: … que no tengo tiempo, que no tengo dinero para comprar libros, que no tengo el hábito de leer, que no tengo, que no tengo. El síndrome del no tengo, que es en últimas la enfermedad cultural de las sociedades de masas, el abandono de nuestra vida en otras manos.
Está claro que el entretenimiento ha cooptado la mayoría de la población, eso que los sociólogos llamamos masa –uniformidad cultural-, o gentío indeterminado –reunión espontánea de gentes-, culturalmente hijos del espectáculo. Educados para no criticar, no reflexionar sobre la literalidad de lo visto.
Bueno, educados para no experimentar la existencia vivida, la propia y la del otro.
Los celulares, entonces, han servido en esta era tecnológica de la IA para la mayor domesticación de la sociedad terrenal. Hoy la lucha cultural y política es contra los algoritmos, que han terminado alterando elecciones, distorsionando la verdad, porque ya no sabemos qué es verdad o qué es la mentira.
Santo Tomás lucha por ser un pueblo culto, sobrevive y resiste la cultura de masas, la cultura de las emociones espectaculares, o de lo fútil. Tiene fuerzas todavía para alimentar esta resistencia en varios escenarios: La Feria del libro, El Club de lectura: “Santo Tomás todos los libros”, el Consejo de juventud y el número indeterminado de escritores; también en los jóvenes, hombres y mujeres, que conscientemente han heredado esta lucha sin igual por alcanzar la mayoría de edad kantiana. Y los libros son unas fuentes poderosas para ello.

Genial .Resistencia