{"id":8828,"date":"2025-04-17T12:23:09","date_gmt":"2025-04-17T12:23:09","guid":{"rendered":"https:\/\/laprimicianoticias.com\/?p=8828"},"modified":"2025-04-17T12:24:32","modified_gmt":"2025-04-17T12:24:32","slug":"el-flagelante-territorio-sacro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laprimicianoticias.com\/index.php\/2025\/04\/17\/el-flagelante-territorio-sacro\/","title":{"rendered":"El flagelante, territorio sacro"},"content":{"rendered":"\n<p>Por: Pedro Conrado Cudriz <\/p>\n\n\n\n<p><strong>La b\u00fasqueda<\/strong><br>Supongo que el arte es otra mirada. \u00bfPoes\u00eda? \u00bfBelleza? \u00bfOtro cuento? Nunca defensa de nada. Simplemente la ponderaci\u00f3n de lo est\u00e9tico. Acto gratuito para los ojos del alma. \u00bfY del cuerpo qu\u00e9? No es el espect\u00e1culo de la carne en exposici\u00f3n p\u00fablica, sino la experiencia cultural de un universo de gentes olvidadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Busco que el observador identifique el cuerpo del flagelante como el territorio de almas del pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p><br><strong>Los pies<\/strong><br>Una pel\u00edcula turbia los cubre de pies a cabeza, mientras se agigantan en mi memoria. Los he visto siempre, los del abuelo Nolasco, pies campesinos, pies flagelantes. O los pies dignos de los l\u00edderes sociales, dolidos y sacrificados por la muerte. Puede que sea una fotograf\u00eda de los a\u00f1os 70, de la revista Alternativa, pero son esos pies gigantes los que ahora recupera mi memoria. Casi no caben en la p\u00e1gina ni en mis recuerdos. El tal\u00f3n calloso, fuerte como un roble, con las huellas de la guerra, de la lucha con y por la tierra. Poco a poco la guerra los desapareci\u00f3 y les quit\u00f3 la tierra. Cuando veo algunos en las calles de Colombia, los distingo por la callosidad, por la fortaleza del roble, o por las goteras de la sangre del flagelante, pero ya no hay tantos \u00e1rboles en la ruta. Esta clase de hombres se han ido y no nos hemos dado cuenta. La vida tambi\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p><br><strong>La sangre<\/strong><br>Corre por las avenidas, las monta\u00f1as y ciudades, y en los barrios interiores del hombre. A veces se desborda su cauce y el coraz\u00f3n amenaza con estallar. Con cada zancada del mandante hay barrios que desaparecen arrastrados por el oleaje y la fuerte corriente, que desciende a mil metros por segundo, mientras los pasos se aceleran en la arena ardiente de la calle de La Ci\u00e9naga. El calor sofocante penetra la piel y adelgaza el espesor del viscoso liquido rojo para que fluya con mayor fuerza, hasta que un domador se atreva a iniciar el ritual de los golpes en el mayor de los territorios del cuerpo, una, dos, tres y cien veces. Y de pronto, un corte y enseguida el chorro, una pluma, el manantial y la sangre fluyendo a borbotones por la llanura. Gritos, asombros, silencios, desmayos. Y el gent\u00edo con los ojos de la piedad observa otra vez el fluir de la sangre en un escenario p\u00fablico y en un territorio vivo. Brota a voluntad, provocado por unas manos sanantes. Y la sangre otra vez imparable, y golpe a golpe no dejar\u00e1 de correr o danzar con el flagelante. Dos pasos hacia atr\u00e1s y tres hacia adelante y hasta que la pollera blanca se tinture del rojo sangre, de ese rojo adentro de nosotros en el que cada observador del viernes santo recuerda el que cae acribillado en cualquier esquina de Colombia. O de aquellos j\u00f3venes enamorados, que ardiendo de fiebre de besos y a punto de colapsarse el coraz\u00f3n, se buscan con los ojos, con los brazos, con las manos y con los restos del cuerpo. Y hasta que el territorio, en especial las venas se cansen de regalarle al mandante el l\u00edquido espeso que atrae al otro, la sangre no dejar\u00e1 de brotar. Y quiz\u00e1 esta sea la misma sangre de las corralejas y las galleras, la misma sangre por la que la multitud se cita para disfrutar o compartir los mismos sentimientos o emociones que depara el territorio. O sea, ver la sangre correr entre las astas de un toro y observar la vieja piel del pobre hombre herido por las cuchillas de la desesperanza.<\/p>\n\n\n\n<p><br><strong>El territorio<\/strong><br>No son los huesos, ni la sinraz\u00f3n, es esta fortaleza de m\u00fasculos, que aceitamos todos los d\u00edas en los gimnasios, la embellecemos y la cuidamos con esmero en los centros de cirug\u00eda est\u00e9tica de la ciudad. O es esta carne d\u00e9bil que florece en cada acto amoroso y luego se derrama en la fisiolog\u00eda de un orgasmo puro o fingido de amor. O es aquella escatolog\u00eda del desfogue diario de la deyectaci\u00f3n, vieja condena humana de la humildad y los apurados sacrificios del cuerpo. O es la eterna tortura corporal de los infantes, adobada por los supuestos amores maternos o paternos. O es esta manera repetitiva de martirizar la estructura corporal para agradecer a un dios distante, lo que no ha podido hacer la ciencia.<\/p>\n\n\n\n<p><br><br><strong>El rostro<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Viejo como una monta\u00f1a sagrada, sin lujos ni grandes edificaciones que nos espanten o asombren. Simplemente es la pendiente por donde se precipitan los r\u00edos de la esperanza y aquella misteriosa corriente de fe, que brota debajo de los labios y resulta pesada para trasladar la monta\u00f1a, o moverla a otros lugares de paz eterna. Quiz\u00e1 sea el espejo infinito del territorio con sus dos lentes de agua salvaje, dos gatos negros para asustar a la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Las manos<\/strong><br>Es parte del territorio m\u00e1s llano y el menos pretencioso de todos; es el espacio del azar y los milagros. Un camino para sanar, tocar, herir y fundir el alma. En la ruta de la sanaci\u00f3n de la Ci\u00e9naga quiz\u00e1 se atrevan algunas a herir el territorio con aquellas manos de olvido, que al tocar la guitarra fracturan los silencios. No es intencional ni tampoco inocencia. Es el deseo de curar el que procura el ensayo, o la ciega tradici\u00f3n de unas maneras de ser que, apuntan a la b\u00fasqueda del milagro.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Dio<\/strong>s<br>Todav\u00eda no he podido encontrar en todo el territorio, las evidencias de la existencia del Dios cristiano. No las he encontrado en nada, ni siquiera en la creaci\u00f3n del acn\u00e9, seguramente hecho para el asombro. Lo que he logrado capturar son otras evidencias, el esfuerzo diario y sobre humano del hombre por reinventarlo y luego conservarlo y amarlo como a la Coca-Cola.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El alma<\/strong><br>Es lo m\u00e1s misterioso del territorio y persiste en ocultarse en las conexiones neuronales del cerebro. Una ilusi\u00f3n o realidad metaf\u00edsica para afrontar la vieja y pesada animalidad humana. O tal vez sea el miedo de perderse en la bestialidad de alg\u00fan desastre.<\/p>\n\n\n\n<p><br>Es otro mito metaf\u00edsico. Y se\u00f1ales no hay. Sin embargo, est\u00e1n los mojones espirituales a la vera del camino: las cruces en el cuerpo, la sangre derramada con sentido familiar, el capirote, la disciplina, la pollera. Extra\u00f1o, pero as\u00ed ha sido siempre el hombre en todos los tiempos. Un buscador de las energ\u00edas del alma.<\/p>\n\n\n\n<p><br><strong>El territorio infinito<\/strong><br>Nadie puede atreverse a pensar que el cuerpo sea una especie de c\u00e1rcel si le ha visto sus atajos libertarios. La b\u00fasqueda y los ensayos son simple experiencias para probar su viaja man\u00eda de la rebeld\u00eda, que desea escapar de los conquistadores. Y no es la disciplina o el l\u00e1tigo la amenaza. Es la imposici\u00f3n papista de la tradici\u00f3n, la que pone en peligro los l\u00edmites territoriales, la que impone la disciplina del pecado y la oscuridad en la vida del hombre.<\/p>\n\n\n\n<p><br><br><strong>El dolor<\/strong><br>El sufrimiento, el martirio y la sangre son toda una mancha oscura en el continente. Un invento religioso para las expiaciones de las culpas del pecado. Es el relato del cuerpo para develar el territorio como un ente violado. La punzada interna, la herida apenas provocada para la historia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Pedro Conrado Cudriz La b\u00fasquedaSupongo que el arte es otra mirada. \u00bfPoes\u00eda? \u00bfBelleza? \u00bfOtro&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":7519,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[31],"tags":[],"class_list":["post-8828","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-opinion"],"featured_image_urls":{"full":["https:\/\/laprimicianoticias.com\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Screenshot_20230912_100614_Facebook.jpg",938,691,false],"thumbnail":["https:\/\/laprimicianoticias.com\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Screenshot_20230912_100614_Facebook-150x150.jpg",150,150,true],"medium":["https:\/\/laprimicianoticias.com\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Screenshot_20230912_100614_Facebook-300x221.jpg",300,221,true],"medium_large":["https:\/\/laprimicianoticias.com\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Screenshot_20230912_100614_Facebook-768x566.jpg",640,472,true],"large":["https:\/\/laprimicianoticias.com\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Screenshot_20230912_100614_Facebook.jpg",640,471,false],"1536x1536":["https:\/\/laprimicianoticias.com\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Screenshot_20230912_100614_Facebook.jpg",938,691,false],"2048x2048":["https:\/\/laprimicianoticias.com\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Screenshot_20230912_100614_Facebook.jpg",938,691,false],"newsever-slider-full":["https:\/\/laprimicianoticias.com\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Screenshot_20230912_100614_Facebook.jpg",938,691,false],"newsever-featured":["https:\/\/laprimicianoticias.com\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Screenshot_20230912_100614_Facebook.jpg",938,691,false],"newsever-medium":["https:\/\/laprimicianoticias.com\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Screenshot_20230912_100614_Facebook-720x475.jpg",720,475,true]},"author_info":{"info":["Noticias La Primicia"]},"category_info":"<a href=\"https:\/\/laprimicianoticias.com\/index.php\/category\/opinion\/\" rel=\"category tag\">Opini\u00f3n<\/a>","tag_info":"Opini\u00f3n","comment_count":"3","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/laprimicianoticias.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8828","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/laprimicianoticias.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/laprimicianoticias.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/laprimicianoticias.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/laprimicianoticias.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8828"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/laprimicianoticias.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8828\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8829,"href":"https:\/\/laprimicianoticias.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8828\/revisions\/8829"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/laprimicianoticias.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/7519"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/laprimicianoticias.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8828"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/laprimicianoticias.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8828"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/laprimicianoticias.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8828"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}