Por: Pedro Conrado Cudriz
No sé si ustedes han sentido en cada parte del cuerpo, el momento histórico -político por el que atravesamos, por este que estamos viviendo por primera vez en carne viva. Como nunca. Es una señal hasta rara, nervios tensados en las horas que siguen; nervios ocultos entre lo que leemos y conversamos con los vecinos. Y es aquí precisamente, donde se están presentando situaciones familiares nunca sentidas con tanto ahínco; es una tensión nueva y atravesada por dilemas existenciales serios.
Es que antes era fácil “donarle” el voto a un familiar para que sobreviviera en el empleo. Hoy no es tan fácil si estamos enamorados de las circunstancias de cambio histórico vividas, como en la revolución del libertador Bolívar.
A un conocido mío le escuché decir sin explicación alguna: “Hay que hacerles trampas a los corruptos, así como ellos nos las han hecho siempre con las promesas incumplidas y conocidas.” Un consejo abreviado de respeto: Acompañen a los parientes en las asambleas de sus movimientos políticos como invitadas especiales y cuando haya que votar por el candidato del cambio, hacerlo sin las molestias de la conciencia.
Hay que tener presente que estamos atravesando el océano convulso e inédito de la historia nacional y mundial. Por esta vez y ojalá no sea la única, debemos continuar la subversión política que inició Petro, presidente de Colombia.
Una equivocación inadmisible, nos puede costar caro con la vida de un niño de 4 años, que juega sin pensar cómo nos estamos jugando la vida nosotros por él.
La ética del vivir no es un juego de instantes, es tan trascendental y conscientemente íntima y social, que nos conmina desde el inconsciente sensible y empático a sufragar por la historia de los más débiles, aquellos que han sufrido por décadas el peso de una existencia malograda por las indolencias del Estado y de gobiernos alimentados por los intereses egoístas de las clases sociales altas, que nos han gobernado por siglos.
Los colombianos conscientes de los calambres y torcidas de la historia nuestra, debemos apostarle a la hechura de una justicia social para toda una generación (0-20 años) y poder así apostarle a la esperanza de hierro de la paz de mañana.
De esto es lo que escribo cuando también hablo de la ética del vivir: apostarle a la vida con sentido humanista, arriesgándolo todo para ganar todos. Hagamos un trato como en el poema de Benedetti: “Compañera usted sabe / que puede contar /conmigo…/ si alguna vez / advierte / que la miro a los ojos / y una veta de amor / reconoce en los míos / no alerte sus fusiles / ni piense qué delirio / a pesar de la veta / o tal vez porque existe / usted puede contar conmigo / si otras veces / me encuentra huraño sin motivo / no piense que flojera / igual puede contar / conmigo…”
En este proceso político se quedarán los que hayan de quedarse derrotados en tierra firme y levantaremos la bandera los que hemos arriesgados siempre el sueño de la esperanza. No ha sido fácil llegar hasta este momento histórico e irrepetible del país.
Dicen los que saben, que un evento de esta naturaleza solo se volverá a vivir entre cien años y más. No esperemos otros cien años para cambiar lo que haya que cambiar. Esta es nuestra coyuntura histórica indelegable, sacudámonos y con las chanclas cruzando la esquina rompamos la caja donde tienen secuestrada la esperanza.
Después no digan, que no lo advertimos.
¡Viva Colombia, carajo!

Total,bien logrado. Un reto social
Muy de acuerdo. Este momento es único en la historia del país, de darle paso al ejercicio y práctica consciente de un derecho expresado en las urnas con rebeldía. ¿Acaso un cambio sucede de la mañana a la noche? Hemos sido testigos de las controversias, de los odios y de las emociones más tóxicas. Es el momento en ese ejercicio de observación de recobrar la lucidez – esa de la que nos habla Saramago – y contagiarla con entusiasmo. Históricamente hemos padecido la sumisión, pero la realidad muestra el tamaño de las desigualdades, de la brecha social que se amplía; de la resistencia por mantener el status quo; de la complicidad de profesionales al servicio de la oligarquía, pagando favores y persuadiendo incautos. Es el momento de fortalecer las causas sociales, los derechos colectivos y dejar a un lado el interés particular. Las contradicciones, el miedo, la difamación, las traiciones y el peso de las emociones que obnubilan la razón se acrecientan con el paso de los días en la oposición derechista y tradicional que naufraga en la maledicencia y la paranoia. Amanecerá y alcanzaremos la certeza de la lucidez y la praxis.