Por: Pedro Conrado Cudriz
Si la sociedad no se indigna, está viva, pero vive muerta. Escribo este texto con la indignación elevada a las mil potencias. El fenómeno que observamos el domingo que pasó en la elección de los Consejos de Juventud tomasina es de bárbaros, no de gentes civilizadas. Volvió la compra y venta del voto.
La vergüenza y la decencia han desaparecido como valores sustentadores de la ética y la moral social. Y el cinismo de los corruptos fortalecido. Ya no hay respeto, valor que se ha transformado en una mascarilla, en un vocablo vacío de significado y sentimientos.
Los habitantes de Santo Tomás que han logrado leer por las redes sociales comentarios de este irrespeto por el otro, hacen un gesto de disgusto o de reproche y de lo inaceptable. En el sistema de clientela el otro no es visto ni se siente humano; la politiquería lo ha convertido en una mercancía como el que va a la tienda y compra un frasquito de palillo. En esta condición se convierte al otro cuando lo tratamos, en mercancía, objeto y se invisibiliza. Lo usas y lo asesinas, según la versión del sociólogo francés Emilio Durkheim. Actos como estos son actos criminales
(Les recuerdo que para el reconocimiento del alma indígena nuestra se necesitó de una bula papal. Y eso que el papa también iba al retrete.)
Aquí es pertinente recordar que quienes hacen este tipo de crimen – no puedo dejar de pensar en Netanyahu – a pesar de sus títulos no son seres civilizados, no alcanzan a llevar este diploma humanista. Son seres salvajes, que a pesar de los títulos académicos no han logrado alcanzar todavía la trascendencia de lo humano.
Sí, son humanos, pero…
Creo que estos sujetos silvestres no pueden gobernar a Santo Tomás, están inhabilitados para la política por corromper el alma a los pelaos y, además, porque sustancialmente son corruptos.
Sin respeto, que es una consideración especial por el otro, no se puede gobernar una nación, una región ni a un pueblo. Porque se gobierna para sí mismo. Los intereses de la politiquería no son los mismos intereses que los de la sociedad gobernada.
La pregunta es entonces cómo se atrevieron a comprar al otro como se compra un cerdo, no el por qué. Si tienen hijos, vecinos y amigos cómo viven en familia y en comunidad con esta enajenación. Si no han logrado comprender el tránsito histórico de la humanidad y del país, entonces actúan como zombis sin saber que son zombis.
Post scriptum:
Vote sin dueño. Se venden las vacas, los cerdos, las gallinas, las putas, no el votante. Resista, que al vendedor nada le cambiará la vida y sí al comprador, que seguirá con su vida privilegiada. El mercader del sufragio es el vampiro que le saca la sangre para poder sobrevivir en medio de la caca. Se resiste para cambiar la larga noche y “Los cien años de soledad”.
Todavía me estoy preguntando por la escuela, ¿qué hace frente a un crimen político como éste?

La ética está en tela de juicio. La escuela lo sabe, el barrio lo sabe, la familia lo sabe, la sociedad lo sabe, pero la indiferencia y la conformidad son una muestra cómplice y permisiva. Los grandes monopolios empresariales y políticos avalan a las nuevas juventudes, prestando les los nombres de los grupos políticos tradicionales, sobre todo de esos que se han enquistados y han echado raíces fijas e inamovibles. Entre más necesidades existan esa ética colectiva sucumbe a los estragos del poder. Rebelarse es condenarse. El mismo sistema lo aniquila. La juventud es la esperanza que con estos actos se convierte en utopía. Aún así, más que una utopía es el escenario propicio para esas historias narradas por Huxley, Orwell, Bradbury. Buena reflexión que merece discutirse. Feliz noche.
Somos espectadores de esta decadencia, asistimos al sepelio de las Utopias, el capitalismo salvaje lo ha devorado todo, los nuevos “dioses” son los nfluences, la farándula, los cantantes de reggaetón, las actrices pornos y los futbolistas multimillonarios.
Todos sueñan con su Lamborghini y sus diez mil millones de seguidores en las redes.
Entramos antes una sociedad que padecen un vacío existencial, jóvenes que se deprimen y se suicidan por no tener el celular último modelo.
Este nihilismo existencial es del que se aprovechan los corruptos y mafiosos que nos gobiernan para seguir perpetuando sus fechorías.
Ante esta situación solo me queda acudir a las lecturas de Friedrich Nietzsche, para alimentar mi espíritu de su vitalismo.
” …el hombre es un ser que debe superarse…”
“…los hombres han sido mono y aun hoy son más mono que los mismos monos …”
Nietzsche, Así hablo Zaratustra.