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noviembre 30, 2025

La Primicia Noticias

Una Nueva mirada

La politiquería siembra en los pelaos la semilla de la corrupción

Por: Pedro Conrado Cudriz

Si la sociedad no se indigna, está viva, pero vive muerta. Escribo este texto con la indignación elevada a las mil potencias. El fenómeno que observamos el domingo que pasó en la elección de los Consejos de Juventud tomasina es de bárbaros, no de gentes civilizadas. Volvió la compra y venta del voto.

La vergüenza y la decencia han desaparecido como valores sustentadores de la ética y la moral social. Y el cinismo de los corruptos fortalecido. Ya no hay respeto, valor que se ha transformado en una mascarilla, en un vocablo vacío de significado y sentimientos.

Los habitantes de Santo Tomás que han logrado leer por las redes sociales comentarios de este irrespeto por el otro, hacen un gesto de disgusto o de reproche y de lo inaceptable. En el sistema de clientela el otro no es visto ni se siente humano; la politiquería lo ha convertido en una mercancía como el que va a la tienda y compra un frasquito de palillo. En esta condición se convierte al otro cuando lo tratamos, en mercancía, objeto y se invisibiliza. Lo usas y lo asesinas, según la versión del sociólogo francés Emilio Durkheim. Actos como estos son actos criminales

(Les recuerdo que para el reconocimiento del alma indígena nuestra se necesitó de una bula papal. Y eso que el papa también iba al retrete.)

Aquí es pertinente recordar que quienes hacen este tipo de crimen – no puedo dejar de pensar en Netanyahu – a pesar de sus títulos no son seres civilizados, no alcanzan a llevar este diploma humanista. Son seres salvajes, que a pesar de los títulos académicos no han logrado alcanzar todavía la trascendencia de lo humano.

Sí, son humanos, pero…

Creo que estos sujetos silvestres no pueden gobernar a Santo Tomás, están inhabilitados para la política por corromper el alma a los pelaos y, además, porque sustancialmente son corruptos.

Sin respeto, que es una consideración especial por el otro, no se puede gobernar una nación, una región ni a un pueblo. Porque se gobierna para sí mismo. Los intereses de la politiquería no son los mismos intereses que los de la sociedad gobernada.

La pregunta es entonces cómo se atrevieron a comprar al otro como se compra un cerdo, no el por qué. Si tienen hijos, vecinos y amigos cómo viven en familia y en comunidad con esta enajenación. Si no han logrado comprender el tránsito histórico de la humanidad y del país, entonces actúan como zombis sin saber que son zombis.

Post scriptum:

Vote sin dueño. Se venden las vacas, los cerdos, las gallinas, las putas, no el votante. Resista, que al vendedor nada le cambiará la vida y sí al comprador, que seguirá con su vida privilegiada. El mercader del sufragio es el vampiro que le saca la sangre para poder sobrevivir en medio de la caca. Se resiste para cambiar la larga noche y “Los cien años de soledad”.

Todavía me estoy preguntando por la escuela, ¿qué hace frente a un crimen político como éste?