Por: José Alfredo Fruto
Nostalgia, tristeza, angustia, melancolía, zozobra, inquietud, desolación y hasta dolor experimenté ayer cuando pasé por la esquina del “chuleco” que da la bienvenida a los populosos sectores de El Rincón y Tarapacá.
Me tropecé con una imagen que impactó todo mi ser, revolvió mis recuerdos infantiles de los 70 y juveniles de los 80. Allí, en ese lugar, cuenta la historia que los “pelaos” vivimos la época gloriosa de nuestras vidas. Habia una puerta abierta de par en par, una casa que era de todos, no se necesitaba permiso especial para entrar. Bolis de leche con kola, chocolate, corozo, tamarindo y níspero, no he conocido otros que igualen su sabor y calidad. Como si fuera poco era plan obligado en las tardes pasar por un poquito de ” cucayo” “pega” dicen en otros lados, aún hoy no sé cuál era el secreto, pero siempre quedaba en su punto y rendía para una numerosa familia y los ilustres visitantes que repetían hasta sus estómagos llenar.
Pero no era sólo eso, una pequeña tienda, donde habia lo necesario para que los infantes encontraran alegría y paz. Galletas, pan, gaseosas, panelitas de leche, avena, arropilla y todo lo que para un menor deleitaba su paladar y cuando entramos a los 15, 16 y un poquito más, fue allí donde nos tomamos la primera Costeñita, eso sí, sin que lo supieran los papás.
Voy más allá, el calor humano, Juanita Sarmiento, QEPD, mujer gigante, noble, amorosa, nunca la vi de mal genio, atendía con cariño y hasta nos daba de más. Magdalena, de baja estatura, reposada, tranquila, tampoco le incomodaba la “invasión” de la sala, corredores, patios y hasta de las habitaciones que hacíamos de su propiedad.
Socorro, mujer sonriente y el viejo Erasmo, un señor a carta cabal. Todos ellos gozan de la presencia de Dios en la eternidad, por lo que no hay nadie frente a quien se pueda levantar la voz para “protestar”.
Los tiempos cambian y hay que aceptarlo, pero siento que algo grande de los recuerdos puros y sanos de la niñez me han arrebatado, el alma sintió un vacío, el corazón se arrugó, era como si debiera ser notificado de tan trascendental decisión de cerrar una puerta que durante décadas nos alegró.
Convoco a una ” huelga” de amigos, Danilo Cantillo, Luís Fernando Taibel, William Berdugo, Cristo Emilio Gómez, Charly Torrejano, Edilbero Muriel, Migueluchi, Victor Suarez, Pedro Meola, William De La Hoz, Luís Olarte, Rigoberto Maldonado, el mismo Jorge Salcedo, Loired Vallejo, Duberlys Fontalvo, mejor dicho a todos los ” pelaos” de El Rincón, Tarapacá y sus alrededores, los presentes y el recuerdo de los ausentes, con el derecho que nos asiste por miles de momentos felices, para que nos expliquen por qué cerraron, LA PUERTA DE LA FELICIDAD.

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