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marzo 21, 2026

La Primicia Noticias

Una Nueva mirada

La maldita cultura

Por: Pedro Conrado Cudriz

Es un hecho histórico incontrovertible el desprecio que los gobiernos latinoamericanos le tienen a la cultura. Un ejemplo de la historia romana relacionado con el tema lo trae Claudia Morales en El Espectador del 22/02/24, cuando cita el libro “Maldita Roma” del español Santiago Posteguillo, quien en el texto nos recuerda las buenas y extraordinarias ideas culturales de Julio César antes de convertirse en un tirano. “…Julio César – escribió Claudia, retomando las ideas del libro – edil en ese momento y futuro emperador de Roma, habla con su mejor amigo, Tito Labieno, sobre la importancia de abrir las mentes y los corazones del pueblo a través de la cultura… César pensaba que eso no era suficiente y levantó un teatro de madera para representar obras de teatro, llevó exposiciones de arte a las basílicas y realizó instalaciones de esculturas en distintos puntos de Roma. Pero Tito Labieno no entendía para qué servía el arte y le decía que eso no le interesaba a la gente y que tampoco lo iba a volver más popular.”

Bueno, César se convirtió en dictador y esa línea del pensamiento de Tito Labieno, después de siglos, nos lleva a la conclusión pesimista que a los gobernantes nuestros les importa más un comino que la cultura. Los artistas de todos los colores, y escritores, también los humanistas, no son los tontos de la historia congelada de los sinvergüenzas que reviven y exprimen el poder de Estado. Esa es la maldita razón por la que las bibliotecas no funcionan, la escuela es un mar de mediocridad profunda y consentida y las casas de la cultura son sumas de ladrillos estéticos de la especulación social y política. Claro, y no se equivocan al pensar que el carnaval es un evento especial, porque es el gran espectáculo que distrae a los conciudadanos del dolor y el sufrimiento del alma en los territorios.

Pan y circo para que tengan, como en Roma.

Entre nosotros las rutinas de la cultura están alejadas de las acciones creadoras de los hábitos. Son anuales e intermitentes: Batalla de Flores en tiempos de carnaval. Semana Santa. Fiestas patronales y esa fiesta difusa del mes de diciembre. Después de estos eventos solo funcionan todos los fines de semana las cantinas, que tienen consolidadas rutinas y hábitos alcohólicos, eso que los ingleses denominaron alguna vez el síndrome alcohólico de fin de semana.

Todos sabemos que de las rutinas surgen los hábitos, fundados en la repetición diaria. Lavarse la boca, por ejemplo, o los usos de lecturas consuetudinarios, que estructuran culturalmente el cuerpo. Mejor dicho, la mente. Sin los hábitos dejan de funcionar las sociedades se fracturan sin normas guías y caen en el hueco del desorden, el hastío o el aburrimiento y en el mal concebido mundo de la entropía social.  

¿Cuáles son nuestras rutinas culturales lejos de las cuatro fiestas tradiciones que nombré? ¿Cómo funciona la biblioteca municipal? ¿Y el deporte? ¿Y la casa de la cultura? ¿Cuál es la rutina cultural favorita de los tomasinos?