Por: Pedro Conrado Cudriz
Los amigos son perfectos, aunque los hay, algunos, imperfectos. Los perfectos son aquellos con los que uno habla de temas que no son fáciles de conversación con los imperfectos, aunque para Picasso todos los animales son obras perfectas de Dios, obras de arte, producto de su infinito amor por todas las cosas. Eso dicen los que lo han estudiado. Estos amigos nos sacan de la rutina, nos extravían del camino de la pereza y de la misma domesticación del medio donde vivimos, o nos expulsan del aburrimiento no creativo. ¿Con quiénes es posible tocar el tema de los libros leídos, o la lectura de un poema, o compartir una frase lucida, o la locura estética de la luna llena, o las piruetas de las nubes en el firmamento? Pues, con los amigos más cercanos. No niego que otros amigos conversen y compartan otros temas de la vida ordinaria -nosotros también lo hacemos-, o hablen de sus cosas amables y comunes paliques.
Esta relación especial no queda excluida del conflicto natural de la vida social, o de los grupos sociales constituidos. La pugna o las diferencias entre los amigos, es una situación delicada y bondadosa de la existencia común, puesta en escena para la lúcida y dialéctica contradicción de la amistad. Nada contiene mayor riqueza que el desacuerdo. Nos pone a pensar y a reflexionar sobre la vida común, sobre las grietas, los tipos de personalidad, los gustos y hasta logra, sin pensarlo nosotros, generar nuevos conocimientos sobre las relaciones de amistad. Sobre su ética o sus valores supremos, todo con la mayor flexibilidad y apertura mental y espiritual de los miembros.
El filósofo coreano, Byung Chul Han, nos recuerda en Agonía del amor, que el amor es imposible entre seres que piensan iguales. Creo que son las diferencias de personalidad y de pensamiento lo que termina engordando espiritualmente una relación. La de los amigos no es una excepción. El pensamiento común aburre y se derrota sin piedad entre los creadores.
La incomprensión ocurre en últimas por el aburrimiento no creativo.
Un viejo amigo, siempre me decía “Si no peleas con los amigos, con quién entonces vas a pelear.”
Confieso que uno de los momentos más aterradores de la vida humana, es la muerte de un amigo. Pero si un amigo te mata con un mal verso de su vida, la muerte física es poca cosa.

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