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febrero 11, 2026

La Primicia Noticias

Una Nueva mirada

La mente orillera

Por: Pedro Conrado Cudriz

Siempre ha sido importante tener presente donde has pasado toda tu existencia y el poder que ejerce la cultura oficial del lugar en tu vida. Si no lo haces no podrás comprender el mundo que te rodea ni entender tu mundo interior, y no sentirás la necesidad de preguntarte por las fuerzas iluminadas y oscuras que te han llevado por las calles y avenidas del lugar donde vives, y por las del país madre.

No hay dudas, siempre habrá fuerzas del pasado que te harán creer que lo que sientes y piensas hoy, son fuerzas más poderosas que tú, aunque lo ignores. Esa es la razón por la que hay que investigar los movimientos del pensamiento, llamados opinión, porque quizás no sean tuyos.

Los neurocientificos han dicho que son ideas del pasado y es interesante y pertinente averiguar cómo llegaron a ti.

Y cabe hacerse entonces la pregunta: ¿Son auténticos, son tuyos, originales, salieron de ti, de nosotros y no del pasado?

Una mente domesticada, de hombre o de mujer, es una mente instrumentalizada y muy lejos de lo planteado en la órbita de la novela El Principito. La enajenación viene clásicamente del gobierno, o de un sistema político de infinitos días y años. Hay en esa mente horas manchadas de Tv, fútbol, telenovelas, programas de entretenimiento, redes sociales, fuerzas ideológicas de la radio. No existe en esta clase de mente el hábito de profundizar la realidad a través del pensamiento crítico que se ayuda con los libros, o en conversaciones nutridas de vida más allá de la malla de la domesticación cultural. Son mentes extrañadas de sí mismas, mentes de orilla, o de poca profundidad para la comprensión del acontecimiento histórico de la existencia humana; mentalidades aisladas de los contextos vividos y no experimentados; personalidades de cemento (yo soy así y punto), alienados en las rutinas de la vida cotidiana; en el movimiento mecánico del dedo índice cuando la pantalla del celular se enciende para la multiplicación de la nada.

Los he sentido, a los jóvenes, con el uso de la maquinita del celular estorbándose a sí mismos, mientras asisten a reuniones sociales, profesionales y comunitarias. En realidad, la programación del entretenimiento es la que termina formando sentimental, social, cultural y políticamente a las gentes; es la que sostiene con su energía invisible la mente de orilla, la mente insana del individuo. Y es la que sobrealimenta, además, las percepciones tontas del amor romántico; la que deja impregnadas en la piel del alma las huellas de la angustia de noticias de sangre, que nos alteran nuestra emocionalidad diaria; la que sirve de guía a las conductas insignificantes de la moda social reciente; la que desvía la realidad material objetiva en los enredos de las mentiras subjetivadas de los programas más que informativos, comunicativos.

La mente orillera tiene su cotidianidad sustentada en la costumbre y en los hábitos culturales del entretenimiento. Esa es la razón para que muchas personas no muevan el dial de la radio o eviten el zapping (cambio rápido de canal) en la Tv. Viven pegados a una sola versión del acontecer nacional, obstaculizando la formación de la mente crítica.