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enero 22, 2026

La Primicia Noticias

Una Nueva mirada

Nadie vive solo: preguntas necesarias para una Navidad consciente

“Nada está conectado con todo; todo está conectado con algo.”
Donna Haraway, Seguir con el problema

Por: Larrys Fontalvo Rodríguez

“Nadie vive solo, nada existe aislado”. Esta idea, central en el pensamiento de Donna Haraway, resuena con especial fuerza en la Navidad, una época que habla de encuentro, cuidado y esperanza, pero que muchas veces se vive desde el consumo, la prisa y el aislamiento emocional. ¿Qué sentido tiene celebrar la unión si olvidamos que nuestra vida depende, profundamente, de los otros?

La naturaleza nos ofrece una imagen poderosa: los árboles no sobreviven solos. Bajo la tierra, una red invisible de hongos conecta raíces, comparte nutrientes, agua y energía, y sostiene la vida del bosque entero. No hay competencia feroz, hay cooperación silenciosa. Frente a esta lección natural, surge una pregunta inevitable: ¿qué pasaría si nuestras relaciones humanas funcionaran más como un bosque y menos como un mercado?

En Navidad solemos intercambiar regalos, pero pocas veces nos preguntamos qué estamos ofreciendo realmente. ¿Regalamos tiempo, escucha, presencia? ¿O solo objetos que pronto perderán su valor? Si la vida se sostiene en el intercambio y el cuidado mutuo, ¿qué estamos nutriendo en estas fechas: los vínculos o el consumo?

Donna Haraway nos invita a asumir la interdependencia como una responsabilidad ética. Nada de lo que hacemos es neutral. Cada decisión —lo que compramos, lo que desperdiciamos, a quién incluimos o excluimos— impacta la red de la vida. Entonces, ¿somos conscientes del costo ambiental y humano de nuestra Navidad? ¿A quién beneficia y a quién deja fuera nuestra forma de celebrar?

La Navidad recuerda un nacimiento en la fragilidad, no en el exceso. Invita a mirar al otro, especialmente al más vulnerable. Desde esta perspectiva, cabe preguntarnos: ¿a quién estamos cuidando realmente en estas fiestas? ¿Quién queda en silencio, como esas raíces ocultas que sostienen todo, pero casi nadie ve?

Tal vez la esperanza que necesitamos no esté en grandes promesas, sino en pequeñas acciones cotidianas. ¿Qué pasaría si esta Navidad decidiéramos vivir con más conciencia de nuestra interdependencia? ¿Si entendiéramos, de una vez por todas, que nadie vive solo y que nada existe aislado?

Celebrar la Navidad podría entonces convertirse en algo más profundo: una oportunidad para reaprender a vivir juntos, a cuidar la vida en todas sus formas y a fortalecer, desde lo cotidiano, la red invisible que nos sostiene.