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noviembre 30, 2025

La Primicia Noticias

Una Nueva mirada

De Occidente y sus tribulaciones

Por Aurelio Pizarro, nuestro corresponsal en Europa.

Mi buen amigo, el gran escritor vasco, Amado Gómez Ugarte, me dijo hace poco: “Discípulo, una de las claves para ser feliz, en este mundo para el que ni tú ni yo nacimos; es no ver el noticiero de las mañanas. Empezar con mal pie el día, predispone al mundo en tu contra y ya no levantas cabeza. Si bien es cierto que es una obligación ciudadana el informarse del itinerario político que nos rige, hay que hacerlo a la hora de la comida, y sin que haya vino de por medio”. He seguido su sabio consejo, casi siempre, y las veces que me lo he saltado he pagado las consecuencias.

Por ejemplo, la mañana del pasado 27 de noviembre, desayuné con un amigo del trabajo en la cafetería de enfrente —un pincho de tortilla con un café con leche “pleno de cafeína”— y, tras tragarme el noticiero, me sucedió este desagradable artículo.

En la pantalla discurre el despliegue noticioso del inminente ingreso en prisión de Koldo García, asesor —a la sazón— de José Luís Ábalos quien, en época de pandemia, era uno de los ministros con más poder político en España y quien acompañaría, a su vez, al primero, en su ingreso a la cárcel de Soto del Real. Lo peor de toda esta trama de corrupción, es que salpica al triunfo, en las elecciones primarias del PSOE, del actual presidente del gobierno, Pedro Sánchez.

El mecanismo utilizado para burlar las restricciones legales a la financiación de las campañas, fue el del llamado “pitufeo”, que consiste en recibir grandes capitales y hacer múltiples ingresos de 300 euros —a través de muchos inmigrantes desesperados, quienes lo hacían a cambio de un mínimo porcentaje— a las arcas de la campaña.
Al escuchar eso, no pude evitar pensar en la tan nuestra “compra de votos” (que yo creía de uso exclusivo de Colombia) y sentirme en la necesidad de descargar en Guillermo un tembleque emocional que, según me dijo él después, hizo palidecer aún más mi rostro.

—¡Joder¡ —me dijo él que le dije—. Y los colombianos que nos ufanábamos de ser los más audaces en aplicar esa práctica: desde la Presidencia de la República hasta el puesto de guarapos de la esquina.
—Noooo… mi querido amigo. No pretendas disputarnos la invención de la picaresca.
Me lo dijo de manera solidaria, pero apenas sí surtió efecto, porque el daño ya estaba hecho. A partir de ese momento no tuve un minuto de sosiego hasta que terminé de escribir este artículo.

¡Y todo, por desobedecer los sabios consejos del maestro Gómez Ugarte! Y es que el proceso de análisis del “Caso Koldo”, me llevó a poner mis ojos en Francia, país al que quiero y que fue el primero en el que viví en Europa; todo para toparme con un artículo de Les Échos —el principal periódico económico de ese país— titulado: “En piloto automático: sin presupuesto durante tres años, España marcha de maravilla” y en el que Cécile Thibaud explica que “con o sin presupuesto, España se consolida como la economía más dinámica de la eurozona, mientras que Francia y Alemania atraviesan dificultades.

El crecimiento alcanzará el 2,9% del PIB este año y se prevé que el déficit público se reduzca al 2,5% del PIB, cifra inferior al 3,1% de Alemania y del exorbitante 5,4% de Francia”. Es decir, que, si por aquí llueve, por allá no escampa. Ello, en Europa, la cuna de la civilización occidental. Si centramos nuestra atención en el continente americano, necesitaríamos quince o veinte páginas para enunciar, aunque fuera mínimamente, la cauda de despropósitos que condicionan nuestro destino: empezando por los bailes rocambolescos del presidente Maduro o por la comitiva de unos pocos congresistas colombianos que —con el único objeto de sabotear la reunión entre los gobiernos de China y de Colombia— se reúnen con el Ejecutivo taiwanés bajo el pretexto de revivir una improbable oficina comercial que existió allá en los años de Matusalén y que ni los politólogos colombianos más informados conocían y terminando por el rosario de decisiones pueriles de un presidente Trump a quien, cuando le dicen que al gobierno ucraniano no le gusta su propuesta de acuerdo de paz lo resuelve con la frase, “Pues tendrá que gustarle”. Y se queda tan campante.

Pero a todos estos disparates hemos estado acostumbrados siempre. Desde la época de las orgías en las que Calígula obligaba a participar a los senadores romanos y a sus esposas o la de los desmanes de los espartanos en las guerras del Peloponeso. La diferencia entre aquellos tiempos y los nuestros —si es que el tiempo existe— es que ahora hemos atesorado un arsenal nuclear que puede aniquilar nuestro planeta y que puede ponerse en marcha gracias a las tonterías de alguno de estos pisaverdes; sobre todo, ahora que el poderío económico y militar descansa en Oriente, excepto para quienes siguen viviendo al dictado de las películas de Hollywood.

Yo, por si acaso, mientras esto llega, seguiré acogiéndome al consejo del maestro Gómez Ugarte; así al menos mantendré la ilusión de no contribuir a ese cometido en el que nos hemos empeñado los seres humanos de completar nuestra propia destrucción.