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octubre 6, 2026

La Primicia Noticias

Una Nueva mirada

Anotaciones a campo abierto para realizar aproximaciones al fenómeno de la lectura

Por: Pedro Conrado Cudriz

Algunos trucos para leer el mundo*

“El lector escapa del libro y como un diablillo de pensamiento fino  lee entonces otras cosas, lee el mundo externo, la esquina, un conflicto entre hermanos, la pelea de perros, igual le mete el ojo a la cocina de casa, al cuarto o al baño, a los amigos más queridos y menos queridos, a las culebras que llegan a casa a patear la puerta, o se detiene en alguna de las pulgas del dolor interior y viaja a la superficie del cielo abierto para adivinar la caída de la lluvia, o leer la calle como se lee una obra de arte.” E Drizku

“…Leer es una abstracción mientras no sea un acto vinculado a la vida misma… una necesidad.” Juan Domingo Arguelles

Se comienza por alguna página y así se inicia todo. Ese misterio del lenguaje escrito se devela cuando comprendemos que la palabra mamá, palabra muy querida o amada, está en casa, igual puerta, mesa, baño, toalla, lápiz.

Sospecho que esos descubrimientos son emocionalmente fabulosos, o extraordinarios en los tiempos de los niños y luego, también en los tiempos de la adultez.

Después, ratos después, el sujeto lector tiene el reto de la disciplina lectora diaria de cuentos, poemas, frases o aforismos, textos breves y extensos. Así evoluciona el ejercicio de la lectura hasta alcanzar lo máximo. Es decir, la lectura de las ligas mayores: libros de 100, 200, 300 y más páginas.

A esta altura de la adquisición del hábito lector, la pasión se ha desbordado como aquel amor por el fútbol, o la música, o por cualquier hábito raro y loco que exista.

Y cuando escribo raro, estoy hablando del individuo que lee a diario tres y cuatro horas seguidas.

Lo que hemos descubierto experencialmente es que uno no debe leer obligado, porque hacerlo te lleva de regreso a la escuela. La lectura es un acto de absoluta libertad, como aquel de abandonar el libro en la mitad del viaje lector, porque no te acoplas o no te gusta. Así como nos ocurre con algunas personas peligrosas para la salud mental de uno.

Leer es un reto, un acto de rebeldía subversiva de la vida doméstica, o cotidiana.

Ahora, empezar a leer hoy mismo es una gran decisión, porque mañana tal vez se debilite o nuble la decisión.

Que nadie te diga que hay que leer de un solo trago un libro. Es otra mentira más, otra pose de buen lector. Puedes leer poco a poco, empezar con una, dos, o tres páginas diarias, siempre y cuando no pierdas el hilo argumentativo del texto, que para no perderlo tiene sus trucos: el rayado, o la síntesis escrita en un cuaderno. Así se puede continuar leyendo hasta lograr consolidar el hábito lector. Si te bañas todos los días ya tienes calzado un hábito, o cepillarte la boca después de las comidas también.

Leer no es como estar pagando una condena. Un día puedes leer una o dos páginas como ya escribí. Lo que quiero que sepas es que no puedes dejar de leer ni un solo día. Ese es el tamaño de nuestra locura, saltarnos la comodidad de la vida cotidiana.

El lector es como el escritor, detalla todo, toma nota y lee de todo, hasta prensa escrita. Pregunta y espera respuestas del vivir diario. No se cansa nunca de leer cada detalle.

Ojo, no eres lector si no lees, puedes ser otra cosa, como el perro lector que ya viste en una película muda.

Ya dije que puedes leer todo lo que desees. Sin embargo, debes encontrar el punto exacto del sabor que te mueve la aguja: cuento, novela, poesía, misterio, ficción… Debes preguntarte porqué leer determinado libro, o qué quieres saber de la materialidad del mundo.

No digas nunca que no tienes tiempo para leer porque te mientes a ti mismo, salvo que definitivamente no quieras hacerlo. Sí lo deseas búscale un tiempito a la dedicación de la lectura. Recuerdo que hubo un tiempo que trabajaba en una empresa estatal y al hacerlo me quitaba vitalidad. Para leer Rayuela de Julio Cortázar, una novela ensayo de más de 600 páginas, tuve que levantarme a leerla a partir de las cuatro de la mañana. Leía más de dos horas.

Yo siempre he tenido la inquietud de preguntarme porqué soy humano y entre todas las respuestas posibles, en ellas están metidas los libros. Nunca he visto todavía un gato con anteojos y sentado en un parque leyendo un libro.

Debes estar de acuerdo conmigo que la vida humana es un misterio para todos y esa oscuridad es una de las razones para leer los libros. O sea, buscamos al leer acercarnos a las develaciones de ese misterio, aunque sea a centímetros de él.

Y hay cosas incomprensibles como aquella descripción de Georges Steiner, “que un hombre pueda leer a Goethe o a Rilke por la noche, que pueda tocar a Bach o a Schubert, e ir por la mañana a su trabajo en Auschwitz.”

El reto humano es conocer el hecho del porqué somos humanos, o porqué somos cómo somos, y porqué nos pasamos la vida buscándole respuestas a estas preguntas filosóficas. Nos vemos en el espejo una y otra vez y el espejo es indiferente a nuestras súplicas. Y continuamos la búsqueda infinita de saber cómo y quiénes somos leyendo.